‘Yakuza: Like a Dragon’, una saga imparable, un juego del año

30 diciembre, 2020Francisco Espinosa Rubio

La carretera hacia los “juegos del año” está sembrada de buenas intenciones, fracasos estrepitosos y unos pocos elegidos. Yakuza: Like a Dragon es de estos últimos. La nueva entrega de una de las sagas más longevas del mundo del videojuego (y que mejor está aguantando el tipo a base de reciclarse, reinventarse y no perder nunca su esencia) está calando muy hondo en los jugadores, tanto en occidente como en oriente. Y no es para menos: subtítulos en castellano, igual que pasara (¡al fin!) en el anterior Jugdment, un nuevo protagonista, una variación del clásico sistema de combate por el rpg por turnos, lo bastante novedoso y resultón como para dar la sensación de estar ante algo nuevo… Un dechado de virtudes y novedades que vienen pegando muy fuerte en un final de año en que la “humilde” saga basada en la mafia japonesa se mide con mastodontes del calibre de The Last of Us Parte II o Cyberpunk 2077.

¿Qué se puede decir de la saga Yakuza que no se haya dicho ya? Desde luego yo he hablado de ella a menudo, y también algunos compañeros (con mucha más maestría que yo). Yakuza es especial porque aúna lo clásico y lo moderno; los convencionalismos de un género en el que Sega se está haciendo grande, enfrentados a la perpetua necesidad de superación que exigimos los jugadores hoy día. El resultado es una saga que se mantiene sorprendentemente en forma tras 7 entregas principales, varios spin-off, remakes, re-lanzamientos y ahora la promesa de una nueva subsaga protagonizada por nuevos personajes, nuevos tiempos, nuevos escenarios y una narrativa que sobrecoge. Jugar a Yakuza: Like a Dragon es como reencontrarse con un viejo amigo: ha cambiado, ha pasado tiempo sin que nos veamos, pero cuando la amistad es verdadera, se sufre una especie de reminiscencia a la época en que estábamos unidos. De repente, todo parece conocido y nuevo al mismo tiempo. Ichiban no es el protagonista al que estábamos acostumbrados, pero encaja a la perfección con las familias, los líos por territorios, el honor entre criminales y demás jerigonzas que componen un lienzo ya conocido.

Ichiban solo conoce el honor, el respeto, y la vida en la calle. Criado en un soapland (un prostíbulo camuflado de baños elegantes), se pone al servicio del patriarca yakuza de un clan menor cuando este le salva la vida. Agradecido, Ichiban no duda en hacer todo lo que se le pida. Incluso ir a la cárcel por un delito que no ha cometido.

Al salir, 18 años después, todo ha cambiado y nadie le espera.

Con este punto de partida, sorprende que dejemos tan rápido de lado el barrio ficticio de Kamurocho (amalgama de tópicos de la noche japonesa que sirve como escenario para gran parte de la saga) por la ciudad de Yokohama, que cambia las luces de neón por los edificios más humildes, los barrios pobres, los mendigos, los centros de trabajo temporal… Empezaremos desde abajo para regresar al glamour de la noche de neón. Un escenario que le va al dedo a Yakuza: Like a Dragon para introducir sus temas y su narración: la lucha por el ascenso, sí, pero también el dolor de los que nacen en la pobreza y nadie les pone la alfombra roja para ir a ninguna parte. Ichiban es un héroe en todo el sentido de la palabra, pues su construcción funciona como arquetipo del joven en busca de su camino, enfrentado a lo fácil frente a lo correcto, pero es que el juego va mucho más allá.

En las primeras horas nos encontramos con un guion que se mueve con soltura entre el drama y la comedia, algo que ya hemos visto más veces en la saga creada por Toshihiro Nagoshi hace ya quince años. Lo que más impacta de Yakuza: Like a Dragon es como pone el punto de mira en la pobreza, la desigualdad social, el abandono de los elementos “no productivos” (inmigrantes, ancianos) y como es capaz de emocionar sin perder por ello su humor característico, su tono animado, sus colores vivos… Donde The Last of Us Parte II deja devastado al jugador, Yakuza: Like a Dragon  emociona, pero no avasalla. No nos quedamos rendidos, es capaz de hacernos soltar una lágrima (y conmigo lo ha conseguido en más de una ocasión) y al minuto siguiente aligerar el pesar con una broma. Es un guion escrito con la inteligencia de Billy Wilder, Quentin Tarantino o Sofia Coppola, donde cada elemento juega un papel esencial y los ingredientes del drama, la comedia, la acción y el suspense están medidos al detalle. Además, refleja la realidad de una sociedad cuyo contraste con la nuestra es absoluto: pone la atención en el choque cultural entre la tradición y la modernidad, entre la elegancia y fastuosidad y la humildad. Y lo hace con unos diálogos impecables, pero también con unas cinemáticas (que vuelven a ser tan extensas como un Metal Gear) que se codean fácilmente con el cine de Takeshi Kitano.

En lo puramente jugable, como ya adelantaba, Yakuza: Like a Dragon cambia el sistema de combate que imitaba a un “yo contra el barrio” por un rpg por turnos más tradicional. En esto bebe mucho del género humorístico, e incluso me ha recordado un poco a los juegos de South Park desarrollados por Obsidian y Ubisoft: ataques humorísticos como beber de una botella y escupir fuego, lanzar palomas contra el enemigo o quedarse dormido para recuperar vida. En general, será casi imposible esquivar los combates y pasarán a ser una parte verdaderamente importante de la aventura. Por el escenario se moverán de forma recurrente grupos de enemigos que nos retarán, pero esquivarlos es casi imposible, aunque se encuentren a una distancia considerable. En esto, el diseño de escenarios se resiente. Del mismo modo, los combates no saltarán a una pantalla diferente como sucede en casi todos los rpgs por turnos, por lo que, aunque no podamos mover al personaje libremente (como sucedería en un Kingdom Hearts), estos sí que interactúan con el entorno. De esta manera, un enemigo puede bloquearnos un ataque dirigido a su compañero, o podremos hacer uso de un objeto para golpear con más fuerzas. Sin embargo, este sistema también lleva a algunos errores como encontrarnos demasiado lejos de un enemigo en el momento de iniciar el combate (y tener que esperar una animación realmente larga en que corremos y atravesamos la zona), o que algunas animaciones “choquen” con elementos del escenario y ensucien el conjunto. Son errores menores, pero que empañan un sistema de combate que podría haber sido perfecto.

La cantidad de objetos, coleccionables, minijuegos y misiones secundarias está muy a la altura de la saga, arrojando junto a la historia principal un cómputo de horas de diversión admirable, superando ampliamente las 30 si somos completistas. Desde siempre la saga ha destacado por incluir una variedad de misiones variopinta, pero Yakuza: Like a Dragon creo que logra destacar, ofreciendo misiones secundarias con un guion verdaderamente trabajado, que divierten y emocionan como la principal, sumando al conjunto de la narración y redondeando la experiencia. Los minijuegos son divertidos y locos a rabiar, pero también tienen mucho que ver con la historia que se nos cuenta (recoger latas cuando vivimos como un mendigo, por ejemplo, o estudiar en una academia para labrarnos un futuro mejor), y el plantel de personajes es carismático. De hecho, la ausencia de Kazuma Kiryu se nota, evidentemente, pero Ichiban resulta un héroe de corazón noble, arraigado sentido del honor y un punto de inocente que hacen imposible no encariñarse con él. Se encuentra muy a la altura de las circunstancias como protagonista.

A nivel técnico, he jugado a Yakuza: Like a Dragon en una Playstation 5 (la versión del juego de Playstation 4) gracias a una copia proporcionada por Koch Media, y el resultado son unos gráficos hiperrealistas que suplen algunas carencias gráficas con gran imaginación. El juego luce simplemente espectacular y, aunque los escenarios no son demencialmente grandes, los tiempos de carga apenas se notan y la soltura gráfica es envidiable. La interfaz está diseñada con esmero, el apartado sonoro (con voces en japonés e inglés y subtítulos en castellano) es impecable, la música acompaña muy bien al conjunto y en ningún momento he notado ningún bug que desentone en el juego.

Como ya habrá notado el lector, apenas hay quejas con este título. Y es que yo soy realmente fan de la saga, y Judgment me gustó mucho, pero Yakuza: Like a Dragon, esperándome mucho, ha logrado superar mis expectativas. Estamos, sencillamente, ante un juego redondo. Me alegro infinitamente de que la saga esté ganando adeptos en occidente a pasos agigantados y que por fin podamos disfrutarla en castellano, porque me atrevo a decir que estamos ante el Padrino de los videojuegos. Solo espero que la franquicia nos siga dando alegrías.

Comentarios (1)

  • McAllus

    30 diciembre, 2020 at 5:08 pm

    Apenas llevo 5 o 6 horas del juego (ha tenido que esperar que me acabase Miles Morales y Cyberpunk) y ya me tiene enganchadísimo. Creo que es bastante probable que esté en mi top de 2021 (yo hago los tops a final de año sin importar de que año es el producto si no cuando lo he consumido)

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